Por Maximiliano Amaya

Entre 1987 y 1939 arribaron a la Argentina 6.756.712 inmigrantes producto de los flujos migratorio de la segunda mitad del siglo XIX. En su gran mayoría fueron inmigrantes de origen español e italiano (más de 2.000.000 cada uno). Mientras que de otras nacionalidades vinieron unos 200.000 aproximadamente. La causa de esto son varias, pero principalmente fue por, en el caso de los españoles por la decadencia que llevo España producto del desgaste del Imperio Español y las independencias de las colonias americanas dejando en evidencia la precariedad de su sistema productivo que no tuvo su revolución capitalista, como si la tuvieron Francia y Gran Bretaña. Y, en el caso de Italia por su tardía unificación como estado nación. Esto hizo que incorporación al proceso de industrialización no le permitió competir con las manufacturas de Francia e Inglaterra, y sus productos agrícolas no podían introducirse en el mercado mundial por la masiva producción norteamericana que tenía menores costos de producción.

Inmigrantes españoles en la provincia de Córdoba.

Por otra parte la Argentina venia de un proceso de despoblación muy importante. Entre 1810 y 1870 se enfrenta a tres guerras contra extranjeros – Las Campañas por la Independencia (1810-1820), La Guerra Argentino-Brasileña (1825-1828) y la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) –. También un largo proceso de guerras civiles entre Unitarios y Federales, producto de no poder imponerse un proyecto único de país. Y, posteriormente, una matanza de gauchos y pueblo originarios, Pero como dice el historiador y economista Mario Rapoport sobre en la llamada “Conquista del Desierto”: «En realidad, ese rótulo es un cruel eufemismo, destinado a justificar la apropiación de territorio supuestamente vacío y desviar la atención sobre la necesidad de aniquilar o desplazar a sus ocupantes». Como resultado de este largo proceso de guerras constantes Argentina tiene una población de 1.737.026 habitantes, con una densidad poblacional de 0,62 hab/km2, según el primer censo nacional de 1869 realizado por el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento.

Desde el Congreso Constituyente de Santa Fe se planteó la necesidad de poblar el país. En la Constitución de 1853 (y también en la actual) el articulo 25 establece lo siguiente: «el Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes». Sin embargo, no seria hasta 1876 que este articulo seria reglamentado mediante la Ley 817, conocida como “Ley Avellaneda”, que crea el Departamento General de Inmigraciones, dependiente del Ministerio del Interior.

Pese a que el proyecto local era que vengan inmigrantes de origen sajón, sin embargo terminaron llegando principalmente de origen Español e Italiano. Las cifras de inmigración, según la Dirección de Inmigración, son las siguientes.

Carreta con inmigrantes italianos

Las estadísticas previas corresponden al período que va de 1857 a 1860. Pero, si vemos con mayor detalle, el periodo de mayor flujo de inmigración europea a la Argentina corresponde al periodo que va de 1901 a 1910. En este momento Argentina esta en pleno crecimiento económico, tras salir de la crisis de 1990, que en 8 (ocho) años hizo que el país tenga 4 (cuatro presidentes (Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña y José Evaristo Uriburu). La demanda de trabajo aumenta debido a la demanda de la producción agrícola ganadera, el crecimiento de los ferrocarriles argentinos, los frigoríficos que permitían darle un poco más de valor agregado a los cortes de carne. En este contexto a la Argentina llegaron un promedio de 120.000 inmigrantes por años. Más detalladamente llegaron un total de 1.764.103 de inmigrantes, de los cuales 796.190 fueron de origen italiano y 652.658 de origen español.

Posteriormente, con la Primera Guerra Mundial y la Crisis del 30, el flujo migratorio menguaría. A partir de la década del 1930 donde el flujo migratorio cambia de inmigrantes extranjeros a migrantes internos que van del campo a las ciudades porque, producto de la crisis, los chacareros pasan de ser propietarios a proletarios, y viajan a las ciudades en busca de trabajo. Pero eso es otra historia.

 

Fuente: Rapoport, Mario; Historia Económica, Política y Social de la Argentina; Ediciones Macchi; 2003